La Biblia trata de desplazar a la Pachamama en Bolivia

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La Biblia trata de desplazar a la Pachamama en Bolivia
Biblia en mano, la segunda vicepresidenta del Senado Jeanine Áñez pronuncia un discurso después de declararse ella misma presidenta interina de Bolivia tras la renuncia de Evo Morales el 12 de noviembre del 2019. "La Biblia vuelve a entrar al palacio" presidencial, dijo en esa ocasión, aludiendo a que Morales la había excluido de las ceremonias oficiales. (AP Photo/Juan Karita)

LA PAZ (AP) — Sosteniendo una enorme Biblia de cuero sobre su cabeza, la nueva presidenta interina de Bolivia emitió un fuerte mensaje horas después de que Evo Morales renunciase y escapase del país, poniendo fin a casi 14 años de una presidencia que promovió como nunca las creencias religiosas de los indígenas.

“La Biblia vuelve a entrar al palacio” presidencial, expresó Jeanine Áñez mientras ingresaba entre una multitud de partidarios y cámaras de televisión a la casa de gobierno donde Morales había excluido a la Biblia de las ceremonias oficiales y la había reemplazado con homenajes a la diosa andina Pachamama. La senadora evangélica y conservadora, de una región donde la gente a menudo se mofa de la fe en la Pachamama, se colocó la Biblia sobre la cabeza y mostró una amplia sonrisa.

Mientras los bolivianos de todos los sectores están muy divididos en relación con el legado de Morales, su reemplazante, una abogada opositora que quiere que la Biblia sea un elemento central de la vida pública, está reviviendo viejas divisiones raciales y de clase en momentos de gran incertidumbre en esta nación andina, donde seis de cada diez personas se identifican como descendientes de los pueblos originarios.

“Es la misma historia que hace 500 años, cuando vinieron los españoles y lo primero que les mostraron a los indígenas fue la Biblia”, comentó José Saravia, ingeniero civil de La Paz, padre de tres hijos. “Pareciera que todo se repite”.

Igual que tantos otros en Bolivia, Saravia es un católico practicante que incorpora a la Pachamama en creencias heredadas de sus padres y sus abuelos. Aproximadamente ocho de cada diez bolivianos son católicos, según los estimados más recientes.

Saravia y su familia figuraron entre la multitud de personas que llevaron muñecos de Jesús a una enorme iglesia católica de La Paz para participar en las misas del día de los Reyes Magos. Al salir lentamente de la iglesia del siglo 18, un sacerdote católico roció sus reliquias con agua sagrada.

A poca distancia de la iglesia, en una animada plaza, los feligreses se detienen para hacer bendecir sus muñecos de Jesús por ancianos indígenas que lucen los tradicionales ponchos y sombreros andinos, en un gesto que según los bolivianos refleja su respeto por la Pachamama, el cual les traerá bendiciones. Los hombres hacen sonar pequeñas campanas mientras colocan los muñecos en el humo de incienso que surge de pequeñas ollas llenas de pedazos de carbón calientes y hierbas especiales. Muchos concluyen la ceremonia persignándose y besando una pequeña cruz.

Con el correr del tiempo se ha desarrollado una relación simbiótica, que permite tanto a católicos como a devotos de la Pachamama preservar los dos sistemas, de acuerdo con Mariano Condori Flores, uno de los guías indígenas de esas ceremonias. Condori usa una cruz católica en su bendición de la Pachamama a los muñecos del niño Jesús.

Señaló que no hay una relación similar con los evangélicos, que generalmente asumen una línea intransigente hacia las mezclas de creencias y que representan el 7% de la población, tras duplicar sus números respecto a 1970, según cifras del World Christian Database.

“Pareciera que Áñez no se da cuenta de que existimos”, expresó Condori. “No habla de la Pachamama, no habla de quiénes somos”.

Para muchos conservadores de clase alta de la capital, y en algunas provincias donde la gente se cansó de la intensa campaña de Morales para aumentar la visibilidad y la prominencia de las creencias religiosas de los indígenas, el retorno de la Biblia de la mano de Áñez es bien visto.

“Fue una muestra muy grande de respeto para el pueblo boliviano. Nosotros somos creyentes en Dios”, declaró Karin Ortiz Justiniano, psicóloga de la provincia de Beni, donde vive Áñez. “El gobierno de Evo Morales fue demasiado agresivo con nosotros, sobre todo los orientales, que no creemos en la Pachamama”.

Ese tipo de pronunciamientos genera fuertes reacciones de los bolivianos que se enorgullecen de su herencia inca y temen un retorno de la discriminación de que fueron víctimas bajo gobiernos previos de descendientes de europeos.

Morales aumentó la autoestima de los bolivianos con raíces indígenas, permitiéndoles mirar de frente a los bolivianos de clase alta y piel más clara, según David Mendoza Salazar, sociólogo boliviano experto en las culturas indígenas. En Áñez muchos ven una evangélica de piel más clara, de clase alta, de la que desconfían, y temen por su futuro.

“En la memoria de los pueblos hay algo inscrito en sus cuerpos que es la explotación que vino con los españoles”, dijo Salazar desde su casa en una de las colinas de La Paz, ciudad de casi 800.000 habitantes que se encuentra a 3.660 metros (12.000 pies) de altura.

Morales escapó de Bolivia en noviembre, luego de perder el apoyo de los militares y de la policía en medio de grandes protestas en torno a elecciones cuestionadas.

Áñez probablemente siga gobernando hasta el 3 de mayo, en que habrá otra elección.

Hay quienes dicen que ella representa el arquetipo de boliviano que manejó el país antes de que Morales pasase a ser el primer presidente indígena de Bolivia en el 2006. De hecho, otro de los principales candidatos en las elecciones de mayo, Luis Fernando Camacho, basa su campaña en las críticas a Morales y en la idea de devolverle prominencia al catolicismo. Otro candidato, Chi Hyun Chung, un pastor evangélico opuesto al matrimonio gay y al derecho al aborto que terminó tercero en las elecciones de octubre --las cuales fueron anuladas--, describió la devoción por la Pachamama como una creencia pagana y diabólica en una entrevista del año pasado.

Morales despotricaba contra lo que consideraba la discriminación que se remonta a la época de la conquista española en el 1520 y describía su presidencia como una gestión “descolonizadora”.

Los conquistadores acabaron con toda resistencia indígena y esclavizaron a cientos de miles de aymaras y quechuas, para que trabajasen en grandes minas de plata mientras ellos se instalaban en La Paz. Hasta el estallido de una revolución en 1952, los indígenas no podían caminar por la plaza frente al palacio presidencial que ocupó Morales, y menos votar.

Durante un viaje a Bolivia en el 2015, el papa Francisco pidió perdón por los crímenes de la Iglesia Católica Romana contra los pueblos indígenas duranta la conquista de las Américas.

Morales modificó la constitución en el 2009 para formalizar la protección de la libertad religiosa y declarar al estado secular, retirando el reconocimiento especial que se le daba a la iglesia católica. Ninguno de los candidatos a la presidencia en los comicios del 3 de mayo dio planes específicos en este terreno ni habló de anular los cambios que hizo Morales a la constitución.

Esas protecciones dan cierto alivio a Margot Mejía, una católica que cree en la Pachamama. Pero el hecho de que Áñez sea evangélica la preocupa un poco. Habló mientras masticaba hojas de coca sentada junto con otras mujeres en un cementerio de La Paz tras participar en una ceremonia indígena conmemorando las almas olvidadas. Se encienden velas y cigarrillos, se esparcen hojas de coca y se tira alcohol en el piso en homenaje a la Pachamama

“Obviamente, ella no va a entender estas cosas”, dijo Mejía, una vendedora callejera y madre de dos pequeños.

Áñez declinó dar una entrevista a la Associated Press, pero declaró a un diario boliviano en diciembre que respetará las creencias indígenas. Y agregó que si los cristianos como ella tuvieron que soportar el que la Biblia fuese sacada del palacio presidencial y respetar las creencias de gente que no cree en Dios, los demás tienen que respetar el hecho de que Dios trajo de vuelta la Biblia.

Resta por verse hasta qué punto Áñez incorporará la religión a su gobierno interino. Desde la dramática ceremonia del 12 de noviembre en el palacio presidencial, Áñez se ha abstenido mayormente de usar la Biblia o de hablar de religión en sus presentaciones públicas. Su manejo del tema puede depender de si se postula a la presidencia o no en los comicios del 3 de mayo.

Muchos bolivianos conservadores de clase alta consideran las creencias indígenas inferiores a las tradiciones culturales europeas y se oponen a lo que describen como la “contaminación” de sus creencias cristianas, de acuerdo con Keneth Roberts, profesor de gobierno de la Cornell University de Ithaca, estado de Nueva York.

“La campaña religiosa de la derecha es también un esfuerzo por restaurar el viejo orden y las viejas jerarquías sociales, en las que los blancos estaban arriba, y desconfían mucho de las identidades indígenas”, dijo Roberts.

A más de 600 kilómetros (370 millas) al noreste de La Paz, en la provincia de Beni, de la que es oriunda Áñez, esa campaña tiene el apoyo de gente que rechaza el sistema de creencias indígenas.

En La Paz y en la vecina localidad de El Alto abundan las manifestaciones de la cultura indígena, como la bandera a cuadros con los colores del arco iris llamada Wiphala y mujeres luciendo los tradicionales sombreros de copa, polleras amplias y chales de encaje. En Beni esas manifestaciones brillan por su ausencia. En las celebraciones del Día de los Reyes Magos no se veían en Beni los guías indígenas que esperan afuera de la iglesia en La Paz.

Muchos residentes de Beni se entusiasman cuando hablan de Morales y de sus políticas de izquierda.

Justiniano, en cambio, dijo que la presidencia de Morales pisoteó la creencia en Dios. Elevó su voz y empezó a agitar sus manos en señal de disgusto al hablar de Morales, haciendo el gesto de comillas cuando habló de “la Pachamama” cerca de la plaza central Trinidad. Recordó un acto bajo el gobierno de Morales en el que colocaron chicha (un alcohol fermentado) en potes de barro y quemaron incienso.

“Somos un país de misioneros, fuimos evangelizados”, dijo Justiniano, quien es católica. “Tenemos nuestra propia identidad y eso es lo que no supo respetar este hombre (Morales). Jugó demasiado con el concepto de la igualdad de los pobres, de los derechos, de la igualdad entre los indígenas cuando en realidad eso no es un problema aquí”.

Los residentes de la provincia de Beni celebran la colonización de los jesuitas al tiempo que incorporan algunos elementos de la cultura indígena. En la ciudad de Trinidad se aprecian pinturas de hombres con sotanas, collares con cruces y personas con tocados con plumas que empuñan machetes, que rinden homenaje a un baile típico de los pueblos indígenas de los llanos en un festival anual.

Freddy Bruckner, cuyos antepasados vinieron de Alemania, dijo que darle mayor prominencia a la Biblia era un importante gesto simbólico.

“No les gustó el que el país estuviese sin un Dios protector”, expresó Bruckner, quien es ejecutivo de una empresa forestal.

Nena Suárez fue franca mientras se subía a su ciclomotor frente a la iglesia católica de Trinidad.

“No creemos en la Pachamama aquí”, manifestó. “Para ellos, el baile significa cumplir algo. Aquí, hay otras custumbres. Dios es único, todopoderoso”.

Áñez dice que fue bautizada como católica pero que es una evangélica practicante, aunque su oficina declinó aclarar de qué denominación. Muchos latinoamericanos se describen como evangélicos sin necesariamente adherir a una denominación específica.

La presidenta interina era abogada antes de volcarse a la política y ha hecho campaña contra la violencia de género. También fue presentadora de televisión y directora de un canal de televisión en Trinidad.

Edwin Sánchez Mansilla, propietario de un negocio de La Paz llamado “Una cuestión de Fe” en el que repara reliquias religiosas, dijo que el ingreso de Áñez al palacio presidencial con la Biblia fue bueno para él ya que mucha gente se sintió impulsada a reconectarse con sus raíces religiosas. Afirmó que no cree que Bolivia vaya a perder su cultura indígena.

“Nuestras costumbres vienen de hace rato. No las ha inventado Evo Morales”, declaró Sánchez, sentado junto a la Virgen de Copacabana, santa patrona de Bolivia, que fue descubierta por un indígena tras el arribo de los españoles. “Esté o no esté Evo, eso nosotros seguimos. Tenemos raíces fuertes”.

La mezcla de catolicismo con la Pachamama es evidente en las costas del lago Titicaca, en la ciudad de Copacabana. Las familias vienen a caminar por la montaña y apreciar las vistas del lago desde un sendero donde hay muchas cruces grandes.

En la cima compran pequeñas réplicas de casas y automóviles y los depositan en pequeños lotes de tierra, junto a un muro de piedra al borde de un acantilado que da al majestuoso lago. Guías espirituales indígenas tiran hojas de coca y cerveza, vino y alcohol al piso cerca de donde están los autos y las casas, rodeados de flores y cubiertos por coloridos banderines. Con ceremonias parecidas a las del los Reyes Magos, los bolivianos expresan su gratitud a la madre tierra y creen que a cambio cumplirán su sueño de tener una casa y un auto nuevos.

En el pueblo al pie de la montaña, en una elegante iglesia católica, la gente hace cola con sus vehículos para que los bendigan curas católicos que los rocían agua sagrada y luego rezan con sus familias. Cuando los sacerdotes se acercan al auto, las familias bañan el vehículo con champagne y esparcen flores. Acto seguido encienden petardos.

Marcela Chachaqui, de Oruro, viene todos los años desde que tenía nueve años. Ahora lo hace acompañada por su esposo y sus tres hijos. Escaló la montaña en el primer día del viaje y al día siguiente hizo bendecir su auto por el sacerdote.

“Hay que creer siempre en la Pachamama”, dijo Chachaqui.

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