Argentina busca ampliar inclusión laboral de personas trans

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Argentina busca ampliar inclusión laboral de personas trans
Las mujeres transgénero celebran el Día del Orgullo en el Hotel Gondolin donde viven en Buenos Aires, Argentina, el sábado 7 de noviembre de 2020. (AP Foto/Natacha Pisarenko)

BUENOS AIRES (AP) — Con su larga cabellera negra y brillosa, la joven trans Ángeles Rojas camina con soltura por el pasillo del banco. Los cuadros que cuelgan y muestran a los presidentes que ha tenido la institución dan cuenta de un pasado en el cual su presencia hubiera sido impensable.

Ángeles, de 23 años, ingresó este año al Banco Nación, la entidad bancaria pública más importante de Argentina, como parte del cupo laboral trans que se inscribe dentro de las políticas públicas a favor del colectivo LGBT que ha implementado el país sudamericano en la última década, algunas de ellas inéditas a nivel mundial.

Hace tres años, la joven llegó a Buenos Aires desde un pequeño pueblo en el norte huyendo de la intolerancia, pero la capital no fue para ella una tierra de mejores oportunidades y tuvo que prostituirse.

Una madrugada, un cliente la invitó a subirse a su auto para ir a un hotel. “Veo que se desvía de la ruta, me saca una pistola y me dice ´dame ya la cartera’. No sabía qué hacer. Le manotee el volante y me pega una piña (trompada). A los tres días despierto en el hospital con fractura facial, reconstrucción de rostro. Perdí audición en uno de los oídos”, describió a The Associated Press.

Después de tres meses hospitalizada, Ángeles dejó el trabajo sexual para convertirse en activista por los derechos de la comunidad trans. Actualmente se desempeña en el área de capital humano del Banco Nación, donde “me siento cómoda, feliz con el trato que me dan”.

“Si todas las instituciones implementaran el cupo trans, cambiaría muchísimo para muchas compañeras. Muchas cambiarían la calidad de vida y no morirían a los 34, 40 años, lo que es la expectativa de vida hoy por hoy”, afirmó Ángeles, de ojos negros intensos, vestida con una camisa rosa y un pantalón beige.

No hay cifras oficiales sobre la comunidad trans en Argentina, ya que no fue incluida en el último censo de 2010. Organizaciones LGBT estiman que hay entre 12 mil y 13 mil adultos transgénero en una población nacional que supera los 44 millones.

Desde 2010, cuando se sancionó la ley de matrimonio igualitario, Argentina avanzó a pasos agigantados con medidas a favor del colectivo trans, como la aprobación en 2012 de una ley inédita de identidad de género que permite optar por la identidad autopercibida independientemente de su sexo biológico. La norma, además, garantiza el acceso gratuito a las cirugías y tratamientos hormonales de cambio de sexo sin consentimiento judicial ni médico previo.

En septiembre el presidente Alberto Fernández firmó un decreto por el cual estableció que un cupo no inferior al 1% de los cargos de la administración pública nacional deben ser ocupado por personas travestis, transexuales y transgénero.

La medida, que tiene como único antecedente una ley aprobada en Uruguay en 2018, busca romper con prejuicios y fomentar la inclusión laboral de trans. Según datos de la comunidad LGBT, se estima que 95% no accede al empleo registrado.

Se dice que las mujeres trans del interior del país, como Ángeles, llegan a Buenos Aires con dos direcciones: la calle donde prostituirse y el Gondolín, una pensión en el barrio de Palermo.

De fachada de azul y un mural pintado con una sirena y corazones de colores, una puerta blanca habilita el ingreso. Al atardecer, mujeres trans van y vienen desde los baños compartidos hacia sus cuartos. Una música alegre acompaña el ritual de maquillaje y peluquería que cumplen las más jóvenes antes de iniciar la jornada laboral.

Vestida de pantalón y camisa negra, anteojos para sol y un portafolio, Guadalupe Olivares rompe con la composición de la escena. Es el atuendo que eligió para asistir más temprano a una entrevista laboral en el Ministerio de Desarrollo Social.

“Creo que casi el 100% de nosotras nunca ha tenido un trabajo registrado. No sabe lo que es un recibo de sueldo o tener una obra social. Es un mundo totalmente nuevo”, dijo Guadalupe, de 33 años y oriunda de la provincia de San Juan.

Mientras fuma un cigarrillo y toma gaseosa, Guadalupe indicó que “presenté muchísimos CV... cuando hacen los llamados, ahí sentí discriminación. No te decían ‘no te vamos a contratar por trava’ (travesti), pero tenían esa mirada como de por qué estaba yo ahí”. La alarma de su teléfono móvil interrumpió el relato para recordarle que debía tomar la pastilla del “días después”, como ella apodó la medicación para VIH que le entrega gratis el Estado.

“Si a alguna de nosotras acá nos importa lo que dice la sociedad, estaríamos colgadas todas, una y cada una”, sentenció.

Un informe de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (RedLacTrans) publicado en diciembre afirma que “la gran mayoría de mujeres trans en la región tienen como único sustento económico y de subsistencia el trabajo sexual”. En Latinoamérica y el Caribe “a las personas trans se les vulnera el derecho al trabajo y a todos sus derechos humanos; esto sucede en un contexto de extrema violencia con niveles que no se registran dentro de otras poblaciones”.

En 2018 Uruguay dispuso por ley que una cuota del 1% en la administración pública debe ser ocupada por personas trans.

“No se ha cumplido todavía”, lamentó Marcela Pini, licenciada en psicología y activista trans. “Ni la administración anterior (del fallecido presidente de centro-izquierda Tabaré Vázquez) ni la actual (del conservador Luis Lacalle Pou) han hecho llamados específicos por la ley integral en lo que refiere a cuotas”.

“La igualdad en este mundo es una utopía, no existe la igualdad... pero sí podemos generar equidad y tener un acceso a los derechos que nos permitiría tocar ese principio de igualdad”, apuntó Pini.

En Argentina la historia de la comunidad trans no está escrita sólo con lágrimas. Las más jóvenes, que crecieron a la par de ampliación de derechos, reivindicaciones feministas y movilizaciones contra la violencia de género y a favor de la legalización del aborto, llegaron a lugares impensados en una sociedad con fuerte impronta machista.

“Antes de ser transexual en un trabajo, soy profesional”, remarcó Emma Lusicich, modelo y maquilladora de 31 años que recientemente protagonizó la campaña publicitaria de una conocida tienda de ropa de mujer.

Figura esbelta, pelo castaño enrulado y la palabra “valiente” tatuada en el antebrazo, Emma manifestó que “me parece no tengo que andar explicándole a todo el mundo qué pasa por mis genitales. Es algo privado”.

Hace poco más de un año, Fabiana Rodríguez Arce era reconocida por sus alumnos de inglés de un jardín de infantes de Buenos Aires como el maestro Fabi, pero se autopercibía mujer y en 2019 inició un tratamiento hormonal y rectificó su documento.

Sentada en un aula donde dicta clases, recordó que les contó a sus alumnos: “no soy chico sino una chica y que de ahora en más soy Fabiana. Les dije que me podían seguir llamando seño Fabi. Me miraban y me dijeron: ‘¿en serio seño Fabi? ¿Una chica? ¿Pero vos no eras un chico?’ ja, ja. Los papás por suerte ninguno se quejó, no sufrí discriminación”.

Fabiana, de 23 años, que continúa trabajando en el mismo sitio y en un instituto de enseñanza del inglés, aclaró que “no me creo en el lugar de privilegiada, sino desde mi lugar trato de decir que así como estoy yo tienen que estar otras compañeras también... en cualquier trabajo tienen que verse personas trans”.

Diana Zurco se convirtió este año en la primera presentadora transgénero de noticias de la televisión argentina, Mara Gómez fue autorizada por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a jugar en la liga profesional femenina y la soprano María Castillo de Lima fue la primera artista transgénero en subir al escenario de teatro Colón. Mia Fedra es la única tenista trans profesional del país.

Sin embargo, la brecha entre la igualdad que establece la ley y la real sigue siendo enorme, advirtió Ese Montenegro, un activista trans masculino contratado como asesor en la comisión de mujeres y diversidad de la Cámara de Diputados. “Nos falta un montón, nos falta educación y decisión política. Nos faltan recursos materiales y simbólicos. Hay una violencia que es estructural”.

La comunidad LGBT reclama el pleno cumplimiento de la ley de educación sexual integral, vigente desde 2006 pero que todavía no ha sido reglamentada en todas las provincias, y la sanción de la ley integral trans, que entre otros puntos promueve incentivos fiscales para las empresas que contraten a personas transgénero.

“¿Sabés qué tendría de diferente (un trabajo formal)?”, planteó Guadalupe. “Tener una rutina... eso de levantarte y decir: ´Ay me tengo que ir a trabajar’. Eso me llama la atención. Estar en el trabajo y que llegue el jefe. Esas cosas que no he vivido”.

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Las periodistas de AP Natacha Pisarenko, en Buenos Aires, y Matilde Campodónico, en Montevideo, contribuyeron en este reportaje.

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