Protestas de chiís dejan a Irak al borde del precipicio

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Protestas de chiís dejan a Irak al borde del precipicio
Una protesta contra los resultados electorales en Bagdad, el 31 de octubre del 2021. (AP foto/Khalid Mohammed)

BAGDAD (AP) — Más de tres semanas después de las elecciones parlamentarias en Irak, las milicias chiís proiraníes que más perdieron siguen oponiéndose a los resultados, lanzando al país al borde de una grave crisis.

Partidarios de esas milicias se han plantado al borde de la fortificada Zona Verde de Bagdad, viviendo en tiendas de campaña y amenazando con más violencia si sus exigencias no son atendidas.

Las infundadas denuncias de fraude están tendiendo una sombra sobre unos comicios que fueron elogiados por Estados Unidos, las Naciones Unidas y otras agrupaciones, quienes señalaron la transparencia del proceso y la ausencia de tropiezos técnicos. Están también agravando la fricción entre facciones rivales chiís, que podría terminar en choques callejeros y acabar con la reciente estabilidad del país.

Las elecciones del 10 de octubre habían sido adelantadas, en vista de las masivas protestas en contra de la corrupción, el desempleo y la falta de servicios públicos, mayormente entre los chiís que viven en el sur del país. Las protestas estuvieron dirigidas también contra la excesiva influencia política de Irán en la política interna de Irak, especialmente mediante sus milicias afines.

El resultado electoral dejó al descubierto las divisiones internas entre las facciones chiís, una etnia que es mayoría entre los 40 millones de habitantes del país.

El mayor avance electoral fue logrado por el influyente clérigo chií Muqtada al-Sadr, quien ganó 73 de los 329 escaños del parlamento. Si bien goza de buenas relaciones con Irán, al-Sadr públicamente se opone a toda injerencia en los asuntos internos iraquíes.

De segundo llegó el partido Taqadum, del titular del parlamento Mohammed al-Halbusi, un suní, con 37 escaños. Y de tercero llegó la coalición Estado de Derecho, del ex primer ministro Nuri al-Maliki, con 35.

Pero la agrupación proiraní Alianza Fatá, afiliada a los paramilitares chiís conocidos como las Fuerzas de Movilización Popular, perdió dos terceras partes de su presencia parlamentaria: de 48 bajó a 16 escaños. Esa alianza había tenido buenos resultados en las elecciones del 2018, cuando participó por primera vez y era sumamente popular ya que había ayudado a las fuerzas de seguridad iraquíes y a las fuerzas estadounidenses a derrotar al grupo Estado Islámico.

Pero desde entonces la situación cambió. Algunos iraquíes comenzaron a cuestionar la necesidad de tener a esas milicias chiís, que estaban resistiendo el control del Estado. Y las mismas milicias se dividieron, pues una parte se escindió para jurar lealtad al clérigo chií ayatolá Ali al-Sistani. Y las milicias perdieron popularidad después, pues participaron en la brutal represión de las protestas juveniles del 2019 y el 2020.

“Irak está en el umbral de una nueva era política, una que ni las milicias chiís ni sus amos en Irán son capaces de controlar, una en que la coerción podría no servir de nada”, advirtió Ranj Alaaldin, experto en el Medio Oriente de la Brookings Institution.

“Junto con Irán, las milicias chiís están aprendiendo que aferrarse al poder por el cañón de un fusil no es algo sostenible”, añadió.

Los resultados electorales no solamente reflejaron pérdidas por parte de políticos proiraníes. Incluso líderes que desde hace tiempo se distanciaron de Teherán -- como el ex primer ministro Haidar al-Abadi y el clérigo Ammar al-Hakim -- tuvieron un pobre desempeño en las urnas, afirmó el analista político Tamer Badawi del Instituto CARPO en Bonn, Alemania.

“La reacción de la calle es multifacética y ancha, un rechazo generalizado a la vieja guardia que no ha podido satisfacer las necesidades básicas de la población”, declaró Badawi. Añadió que muchos iraquíes culpan a Irán por sus penurias.

No queda claro cuándo serán anunciados los resultados definitivos de las elecciones. El consejo electoral está analizando más de mil denuncias, aunque lo más probable es que, al final del día, los resultados no varíen mucho.

Las fuerzas de seguridad iraquíes han estado en alerta desde el día de los comicios, mientras las milicias y sus partidarios salen a la calle a protestar, denunciando fraude, coreando lemas contra Estados Unidos y contra los representantes de la ONU que monitorearon el sufragio.

Las protestas buscan además ejercer presión sobre al-Sadr para que incluya a ministro proiraníes en su gabinete, sin importar cuántos escaños obtuvieron en el parlamento. Debido a que consiguió la mayor cantidad de escaños, el bloque de al-Sadr tendrá la potestad de formar coalición y designar al primer ministro.

“Si los chiís quedan fuera del gobierno, perderán recursos financieros y quedarán más débiles”, observó un funcionario chií, que pidió no ser identificado, añadiendo que los líderes de la Alianza Fatá quedaron asombrados por su derrota electoral.

Al-Sadr ha mantenido bajo secreto sus planes de negociaciones para una coalición, esperando los resultados definitivos. Pero ha anunciado el cierre de las oficinas de sus milicias Saraya al-Salam en varias provincias, una medida mayormente simbólica al parecer con el objetivo de demostrar su promesa de colocar bajo control estatal a todos los grupos armados. Además, ha llamado al diálogo sobre la presencia militar norteamericana y ha condenado los recientes ataques contra sedes diplomáticas extranjeras.

Las facciones chiís tendrán que hallar la manera de unir fuerzas si es que quieren evitar el resurgimiento del Estado Islámico, que es suní, advirtió Badawi. La semana pasada, combatientes del EI atacaron una aldea chií en la provincia Diyala, matando a 11 civiles y provocando un ataque por venganza contra una aldea suní cercana.

Aun así, muchos analistas opinan que las amenazas de los grupos afines al Fatá continuarán hasta que logren un acuerdo de compartir el poder con al-Sadr.

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